Nos cegó el sol de las mañanas,
el que nuestro mundo despertaba.
Nos cubrió el mar de madrugada,
el que su marea nos acunaba.
Y soy yo el que sueña,
el que imagina tu llegada.
Soy el que pisa nuestros pasos,
removiendo las entrañas,
el que vibra con el roce de tus miradas.
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