Rutina, cárcel sin luz que me acompaña a diario,
Dueña de mis letras y canciones
Que firmabas como anónima al caer el sol.
Ahora vieja y fiel compañera,
Te apuntas al viaje sin invitación.
Tú, como un grito en la nada,
Rompes sus esquemas,
Sin tu aroma, sin verte…
Sólo sumando el tiempo sentado frente a ti,
Esperando que no sea el viento el que me despeine.




